jueves, 31 de mayo de 2012

Monocromías y colores perdidos

Las monocromías alteran mi sueño;
son molestas, las desapariciones de los colores más bellos.
Tus palabras retumban aun en mis oídos cuando abandono la consciencia.
Es como oír brollar el agua de una fuente seca.
No es real, tu voz es lo que desearía y no es.
Tener que aguantar esta monocromía,
esta monotonía de mis sueños y,
por consecuente, de mi vida,
acaba con las ganas de pintar mis días con algo más de color.

Metamorfosis

Cambiado mi cuerpo en un caparazón abombado,
no me siento asustado, estoy complacido de ser, por una vez, inservible.
De no servir a un trato egoista que me exprimía como una naranja ya seca.
Como una naranja amarga.

Ahora dejo que mi estado anímico transpase mi piel,
que el escarabajo que llevo dentro lo lleve fuera.
Que esta metamorfosis les haga abrir los ojos
y ver en lo que me han convertido.
En lo que seré aun cuando muera,
sin recibir ni un ápice de lo que di algun dia.

.,

Un asustado lechón cubierto de barro se aproxima,
está asustado de mirarse al espejo,
creyó ser una ondeante cortina,
pero no se dio cuenta de que está preso.
Preso en esa superfície reflectante.
No se ha dado cuenta aún
de que es un mísero, mísero cochino.

martes, 29 de mayo de 2012

Bum bum. Bum bum

Bum bum. Bum bum.
Un corazón que tengo y no pedí.
Un viejo amigo mohoso entre las paredes de mi piel.
Aun late, aunque ya no lo escucho.

Bum bum. Bum bum.
Parece que quiere salir,
que quiere salir corriendo bien lejos.
Y me pregunto,
¿Como dejo de hacerlo preso?

lunes, 14 de mayo de 2012

Las nubes sangran

Hoy las nubes sangran y su lluvia escarlata moja mi piel,
la cubre de un manto reseco y coagulado que me pesa en los hombros.
"Otro día igual que ayer" dicen muchos, y empiezan a creer que lloverá cada día sangre.
Si lo hace muy a menudo temo que volverán a creer que eso será para siempre,
igual que deberían haberlo sido las nubes que llovían agua.

Lo que nunca podré decirte

Lo que nunca podré decirte es más que un secreto,
más que algo que deba ocultarte.
Es parte de lo que empiezan a significar la aceleración de mis latidos,
la convicción de que algo no va bien.
De que no debería pasarme esto.

Lo que nunca podré decirte podría decírtelo en silencio,
pero tampoco me atrevería a eso.
Lo que nunca podría decirte podría dejar de existir en cuanto lo dijera,
cuando mis labios articularan las palabras prohibidas para mis oídos.
Quizás al formularlo me daría cuenta de que todo lo que siento es falso.

Quizás al formularlo me convencería de que no era tan importante,
de que no había por qué preocuparse.

Pero no puedo contarte mi secreto,
y eso es parte también de mi cruz.

martes, 8 de mayo de 2012

La intuición de un principio de sentimiento reprimido

Siempre te busco, no obstante, casi nunca te encuntro.
Las cosas que sé realmente de ti son muy pocas,
la mayoría de ellas triviales.
Sin embargo, me gusta repetirlas en mi pensamiento,
una y otra vez, hasta que se tornan algo así como
una idealización de ti, de lo que podrías ser pero no eres.
En ese momento yo misma me digo que debo dejar de pensar esas cosas,
pero luego pienso en porqué, porqué debería parar,
y la mayoría de argumentos a favor de reprimirme son banales,
simples convenciones que, en realidad, no tendría porqué respetar.
Pero aún así no hago nada, sigo idealizándote en silencio,
desde mi escondite mudo y, al parecer, imperceptible a ojos ajenos.
En ese lugar es posible sentirse seguro, pero también solo.
Es allí donde suelo ver con claridad que intento reprimirte,
expulsarte de mí para que abandones mi mente,
acallar ese principio de sentimiento que no deseo que germine,
porque será el germen que acabará conmigo de una vez por todas.
Curiosamente, cuando estás más débil,
más probabilidades tienes para atraer demás inoportunios...

El ojo que todo lo ve se ha quedado ciego

Un eje que cruza la tierra de lado a lado,
de firmamento a firmamento,
todo lo controla y todo parece rememorarle.
El ojo que todo lo ve lo ve todo porque así ha sido,
desde siempre y para siempre,
porque así está escrito.
Pero el eje que cuadricula el mundo y lo compartimenta,
lo hace tan accesible y comprensible,
se ha desestabilizado, y sus coordinadas no son más que
fantasiosas brújulas buscando nortes imposibles.
Esa organización perfecta ya no existe, si alguna vez lo hizo.
El ojo que todo lo ve se ha quedado ciego.

Nada más caer la tarde

Nada más caer la tarde mis ojos escuecen por perder el sol,
que antes, tan cegador como siempre,
había iluminado todo lo que éstos contemplaban.
Ahora, bajo el mínimo resplandor de la luna,
todo parece más difícil de digerir.
Tu despedida, mi bipartición;
ese trocito de mí que se quedó pegado a tu cuerpo,
como un niño desamparado se aferra a una madre.

Nada más caer la tarde, mis pensamientos se tornan negros,
más tenebrosos que los resquicios secretos de una tentación.
Y la luna se pasea delante de mí durante la noche,
en su camino en el firmamento, parece acercarse.
La saludo con una sonrisa cansada, de tanto esperarla,
y dejo que su blanquez me bañe el rostro y lo torne de plata.

Es cuando más pienso en ti, en como solías llamarla madre,
porque, más que nadie, comprendía ella tus penas.

El peligro de sonreír

El peligro de sonreír es creerse las sonrisas,
poder controlarlas, porque no deberíamos hacerlo.
Las sonrisas deberían governar nuestros rostros sin problemas,
pero sus totalitarismos sobre nuestros labios a veces sacuden nuestro entendimiento.
(¿Por qué sonreí, si no quería? Me ruboricé y pareció percibirlo...)
El juicio se nubla cuando una sonrisa hace acto de presencia,
bajo las cortinas rosadas de tus labios, esos dientes blancos.
Un atisbo de consciencia te dice que no debes fiarte de ellas,
pero las sonrisas siempre agradan, y a menudo defraudan.

Un suspiro congelado y el error de regalarse

Un suspiro congelado en una retina ciega,
la expiación de un sueño de niña bailarina, de niño cowboy;
como las horas pasan sin más dilación,
mientras yo escucho tu canción.

Más tarde aquel suspiro regresa a mí,
más fuerte, con más razón;
me recuerda cuando aún podía tenerte.
Pero nunca quise,
porque tu posesión me pareció un delito que,
sin embargo, a ti no te costó conceder a cualquiera.

Universo paralelo de una herida incicatrizada

Como una nube, yo me muevo en el silencio de un universo paralelo.
El cielo es mi mente azul, sin nada más que mi nube, que tu luz.
Las horas y los días se confunden en años, en siglos.
El tiempo se vuelve no-tiempo y tu esencia se pierde en su inexistencia.
Y parece que ya no pasa, que no pasan las horas, ni los días,
que tu falta es algo inexorable, inabarcable.
Que pareces estar y sin embargo no estás,
y eso es peor que creerte perdido para siempre.
Porque el recuerdo abre una y otra vez una herida incicatrizada,
y esa es la misma razón por la que nunca sanará.

Incontinencia verbal

Un verso afilado para ti,
para que al intentar sostenerlo te cortes,
un milión de palabras envenenadas,
sin comas, sin pausas;
el discurso es entretenido,
si más no, atrevido,
y una vez empiezo no puedo parar.
Incontinencia verbal.

Estudiados todos mis gestos,
aunque descontrolados los versetos,
tus labios lidian palabras
que mis oídos no quieren escuchar.
Ni siquiera me detengo a respirar.
Cuchillas bien lijadas,
perfiladas para encontrarse con tu piel,
para rasgarla y sentirla estremecer.
Incontinencia verbal.
Desasosiego.
Mas callarme no puedo.
Incontinencia muda
silencio verbal.