viernes, 20 de abril de 2012

Luna de Agosto

Quema en mi piel tu luz,
tu más ligero suspiro me azota como una oleada de miedo,
como si saber que estás a mi lado fuera verse entre la espada y la pared.
Una encrucijada de lo más cruel, algo que se debe afrontar, sí o sí.

La luna de Agosto parece que oculta mi rubor,
cuando me tomas la mano, cuando dices que te gusta verme hablar,
escucharme contarte lo que pienso, las rarezas de mi mente,
tan secreta para los demás, tan hermética.
Pero tú sabes más de lo que sé yo de mí,
y la luna también, porque creo que ella es la única que puede contar lo que ocurre.
Ella sabe hablar de eso, con su luz, iluminando justo tus labios.
Parece que lo hace a propósito.
Pero yo finjo que no me doy cuenta, igual que cuando creo sentir algo,
el más mínimo atisbo de sentimiento, y lo pongo instantáneamente en cuarentena.
Intento erradicarlo de mí, extirparlo.

Pero quizás bajo la luna de Agosto no puedo evitar que eso ocurra,
bajo su luz parece tan fácil intentarlo...
Dejarse llevar por una vez, pero yo no soy así, ¿no?
¿O es que a mí también pueden atraparme estas arenas?

Un caramelo envenenado

Un caramelo dulce tras el chasquido del papelito que lo envuelve,
un crepitoso papelito verde, brillante.
El sabor es dulce en mi boca, la llena de azúcar concentrado.
Lo noto en mi lengua, en mi paladar.
Es tan agradable que pronto olvido lo que estaba pensando,
sólo concibo su dulzor en mis labios.

Luego, tras un breve mecanismo activado en mi mente, lo recuerdo;
eres tú quien me lo ha tendido.

La verdad más oculta es a la vez la más suculenta

Me gusta mordisquear tu superfície sensible,
notar como mis dientes se clavan en tus argumentos,
sentir como he rasgado un ideal de esos que te gusta defender.
Que, de algún modo, te he vencido.

Me gusta creer que si sigo mordisqueando pronto no quede ni hueso,
que revalorices tus palabras.
Es así como se aprende, ¿no? Hace falta valor para querer abrir los ojos.

La verdad más oculta es a la vez la más suculenta,
la más profunda, la más violenta.
La verdad, si existe, tiene que ser así.
Simple, decisiva.
Devastadora.

Porque decidimos con el entendimiento,
¿o cuando lo afirmo miento?
A veces no sé si mi moral me ayda o me destroza.

De todos modos sigo mordiendo, reduciendo tus elementos,
buscando los más verdaderos, lo más suculentos.

jueves, 19 de abril de 2012

El agua

Sumergirme es a menudo peligroso,
perder de vista la superfície,
casi tocar con la punta de los pies las rocas del fondo del lago,
casi perderme entre sus aguas más oscuras, más profundas.
Respirar allí no es fácil, no es fácil aguantar la presión,
puede que, incluso, alguna vez sientas que te debilitas notablemente,
que te cansas y casi se te cierran los ojos,
que todo es tan distinto visto desde bajo el agua...
Y entonces cuesta decidir moverse, regresar a la superfície,
a los ya tan conocidos colores, a la textura del aire,
y muchas veces, aunque pueda sonar estúpido, preferirías quedarte bajo el agua,
envuelta en tonos azules, esos que lucen tanto en tu piel,
el nos pliegues de tu cuerpo, en tu rostro...
Tu cabello está tan suelto a tu alrededor que te parece que la gravedad no existe,
que el tiempo se detiene, que ahí fuera no hay nada, que solo tu y el agua sois más que nada.
Que ella te muestra el camino, que la luz a través de la superficie te ilumina el objeto de tu inquietud.
Pues yo te digo que yo también me quedé debajo del agua, que yo también deseé poder detener el tiempo,
pero que a veces hay que volver a respirar aire, llenar los pulmones, y revalorar lo que se tiene en la superfície...¿no? ¿O no? Puede que no.

viernes, 13 de abril de 2012

La compañía de uno mismo

Sentirse sólo no debería ser un problema,
pero inevitablemente lo es.
Sí, es cierto, aunque muchos lo duden.
Quizás es que no he estado nunca completamente sola,
quizás es que no me atrevo a quedarme sola conmigo misma.
Ese es el miedo, el miedo que nos empuja a depender de los demás.
Si afrontáramos lo que somos no dependeríamos de esa estúpida variable.
Si pudiéramos despojarnos de todo lo que es insignificante, de esos detalles que ocupan horas y horas de nuestros pensamientos.
¿De verdad merecen mi tiempo?
¿Qué es mío si aún no comprendo qué soy yo?
¿Tengo derecho a poseer algo?
¿Es importante hacerlo? ¿Tener algo y decir "es mío"?

The nightmare de Heinrich Füssli





Mi pecho intenta acompasarse bajo un cargante peso,
parece que me obstruye la respiración y no puedo sumergirme en la dulce noche.
No sin despertarme nerviosa, con el pelo enganchado a la cara, sudorosa.
Intento recordar lo que soñaba pero mi mente ha decidido desvanecer mi sueño, evaporarlo casi por completo.
Únicamente recuerdo que me creía ahogar, que el pecho me presionaba las costillas, que una nube de oscuros rostros se aproximaba a mí cantándome una nana de los más siniestra.
Para que intentara dormir.
Pero yo no podía,
pero yo no puedo.

El beso de Klimt

Un beso en la mejilla que se extiende en un corriente devastador por todo mi cuerpo,
¿qué es de mí si te apartas siquiera un poco?
Me retuerzo como pensando en pedirte que te quedes,
pero no puedo alcanzar las palabras, sólo ese contacto suave en mi mejilla y lo demás se olvida, lo demás no importa.
¿Cómo pedirte que te quedes si no podré retenerte?
¿Cómo responder a esto si estoy paralizada?
¿Cómo imaginar que el tiempo corre en mi contra, si parece que acaba de detenerse?
Intento retenerlo conmigo, secuestrar el tiempo, hmm, eso me gusta. Taparle la boca para que no chille, para que se ponga de mi parte. Imaginarnos en medio de una luz dorada, tú coronado y yo cubierta de flores, como Apolo persiguiendo a Dafne.
Yo seré un laurel inanimado, un eterno árbol imperecedero esperando tu regreso, con las mejillas sonrojadas, con los ojos cerrados.
Un beso, un simple beso,
pero qué fácil es perderse en él...

LXI

No me gusta el alquitrán en mis pulmones,
como manchas negras incrustadas en el andamio entre mi corazón y estos dos órganos tan peculiares.
No sé como la sangre aún bombea, como se reparte por todo mi cuerpo.
Imagino obstrucciones coaguladas, pequeñas aglomeraciones de sangre reseca y negra,
más densa que la savia que sangran los árboles.
Poco a poco puede que me crezcan las hojas, desde mi interior hacia fuera,
por los orificios de mis orejas, al abrir la boca...
Convertirse en un árbol de alquitrán y azufre,
ser un ser mitad hombre, mitad vegetal y mitad basura.
Sentirse relleno de mierda, de pura mierda.
De savia vieja, de sangre sucia.
Y pensar en arrelar en una tierra mejor, en limpiarse las venas.
Que quizás más bien tarde que nunca, pero vaya si es tarde...

LX

Intento no pensar en ti, pero siempre que se cruzan nuestras miradas,
aunque sé que para ti no es lo mismo, para mí el mundo se acaba.
Los nervios me retuercen el estómago y no me ayudan con las palabras,
demasiada suerte tengo si consigo que no me tiemble la voz.
Sé que lo que siento es imposible, quizás es por eso que me conciencio en apartarlo de mí,
en discriminar esos pensamientos.
Siempre digo que yo no sé que es el amor, si lo supiera intentaría hacer algo mejor con él,
pero el amor no se puede controlar cuando se desconoce, y cuando se conoce, sin duda le controla él a uno.
No se puede escapar de sus garras, el amor se aferra a uno con una fuerza que no tiene nada más,
ni siquiera la gravedad.
Me recuerda a las crestas de las olas, que se dirigen sin remedio a la colisión con las rocas.
Y no tienen otro destino que ese, porque para eso les impulsa su fuerza; para estimbarse.
Y yo tengo la sensación de ser una ola a la deriva, a la espera de ese gran golpe.
Quizás me convenzo sin exito de que las rocas son nubes esponjosas,
que cuando llegue a ellas me acogeran como un grato visitante.
Pero qué ciega, siendo ola solo tengo un destino posible;
la autodestrucción contra esas rocas.
Y no hay marcha atrás.
Y tus ojos cada vez los tengo más gravados en mi retina, como si quedarme ciega no bastara para olvidarlos.
Tengo la sensación de que me perseguirían hasta que olvide mi nombre, hasta que lo olvide todo.
Pero...un momento.
Había olvidado que para ti no es lo mismo. Que si me miras pronto desvías la vista hacia otra cosa, seguramente más importante, seguramente más interesante.

Así que las rocas ignoran a las olas, y las olas solo pueden mirar a las rocas, esperando que el golpe no duela.
Que no duela demasiado.

LIX

Yo no puedo odiarte, si eso ocurriera sin duda el mundo estaría loco,
lo que sí está en mis manos es ignorarte, reducirte a un mínimo espacio dentro de mí.
De ese modo, poco a poco menos doloroso, quizás pueda deshacerme de ti.
Me haces tanta falta que necesito alejarte de mis pensamientos.
Necesito que no existas para mí.
Pero a menudo me asalta una duda;
¿Y cuando lo consiga? ¿Qué habrá entonces?
¿Qué será de mí sin ti?

LVIII

Si obrar a mi manera fuera un pecado ardería en el infierno sin duda,
mas si de adorarte se tratara, ganaría cielo y paraíso.
De igual modo o de cualquier otro nuestro destino está escrito,
si más no, por estas palabras.

Yo no podré tenerte, pero tampoco impediré que otro lo haga,
mi deseo es mantenerme bien lejos de ti,
para que no puedas manejar mi corazón como quien maneja una sartén.
Si los movimientos son bruscos, a menudo te quemas,
y yo ardo tan rápido...

Bajo el manto de mi velo, con el que he decidido cubrirme,
me siento apartado de ti, como en una pesadilla eterna.
Pero desde aquí por lo menos puedo verte.

Aunque no pueda tocarte.
Aunque no puedas oirme.

domingo, 1 de abril de 2012

La noche caprichosa

La noche, caprichosa, que nos mira desde el cielo.
La noche, que curioso, igual que cuando nos dimos el primer beso.
Es extraño recordar tus labios, suaves y cálidos contra los míos.

No creo que pueda recordarlo con la misma nitidez.

La noche, caprichosa, nos recuerda que nos queríamos.
¡Qué mala es! Nos recuerda los buenos tiempos.

Pero yo la miro y mantengo la esperanza de que tú,
estés donde estés, la mantengas también.