Un suspiro congelado en una retina ciega,
la expiación de un sueño de niña bailarina, de niño cowboy;
como las horas pasan sin más dilación,
mientras yo escucho tu canción.
Más tarde aquel suspiro regresa a mí,
más fuerte, con más razón;
me recuerda cuando aún podía tenerte.
Pero nunca quise,
porque tu posesión me pareció un delito que,
sin embargo, a ti no te costó conceder a cualquiera.
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