Cambiado mi cuerpo en un caparazón abombado,
no me siento asustado, estoy complacido de ser, por una vez, inservible.
De no servir a un trato egoista que me exprimía como una naranja ya seca.
Como una naranja amarga.
Ahora dejo que mi estado anímico transpase mi piel,
que el escarabajo que llevo dentro lo lleve fuera.
Que esta metamorfosis les haga abrir los ojos
y ver en lo que me han convertido.
En lo que seré aun cuando muera,
sin recibir ni un ápice de lo que di algun dia.
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