Quema en mi piel tu luz,
tu más ligero suspiro me azota como una oleada de miedo,
como si saber que estás a mi lado fuera verse entre la espada y la pared.
Una encrucijada de lo más cruel, algo que se debe afrontar, sí o sí.
La luna de Agosto parece que oculta mi rubor,
cuando me tomas la mano, cuando dices que te gusta verme hablar,
escucharme contarte lo que pienso, las rarezas de mi mente,
tan secreta para los demás, tan hermética.
Pero tú sabes más de lo que sé yo de mí,
y la luna también, porque creo que ella es la única que puede contar lo que ocurre.
Ella sabe hablar de eso, con su luz, iluminando justo tus labios.
Parece que lo hace a propósito.
Pero yo finjo que no me doy cuenta, igual que cuando creo sentir algo,
el más mínimo atisbo de sentimiento, y lo pongo instantáneamente en cuarentena.
Intento erradicarlo de mí, extirparlo.
Pero quizás bajo la luna de Agosto no puedo evitar que eso ocurra,
bajo su luz parece tan fácil intentarlo...
Dejarse llevar por una vez, pero yo no soy así, ¿no?
¿O es que a mí también pueden atraparme estas arenas?
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