viernes, 13 de abril de 2012

LXI

No me gusta el alquitrán en mis pulmones,
como manchas negras incrustadas en el andamio entre mi corazón y estos dos órganos tan peculiares.
No sé como la sangre aún bombea, como se reparte por todo mi cuerpo.
Imagino obstrucciones coaguladas, pequeñas aglomeraciones de sangre reseca y negra,
más densa que la savia que sangran los árboles.
Poco a poco puede que me crezcan las hojas, desde mi interior hacia fuera,
por los orificios de mis orejas, al abrir la boca...
Convertirse en un árbol de alquitrán y azufre,
ser un ser mitad hombre, mitad vegetal y mitad basura.
Sentirse relleno de mierda, de pura mierda.
De savia vieja, de sangre sucia.
Y pensar en arrelar en una tierra mejor, en limpiarse las venas.
Que quizás más bien tarde que nunca, pero vaya si es tarde...

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