Si obrar a mi manera fuera un pecado ardería en el infierno sin duda,
mas si de adorarte se tratara, ganaría cielo y paraíso.
De igual modo o de cualquier otro nuestro destino está escrito,
si más no, por estas palabras.
Yo no podré tenerte, pero tampoco impediré que otro lo haga,
mi deseo es mantenerme bien lejos de ti,
para que no puedas manejar mi corazón como quien maneja una sartén.
Si los movimientos son bruscos, a menudo te quemas,
y yo ardo tan rápido...
Bajo el manto de mi velo, con el que he decidido cubrirme,
me siento apartado de ti, como en una pesadilla eterna.
Pero desde aquí por lo menos puedo verte.
Aunque no pueda tocarte.
Aunque no puedas oirme.
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