jueves, 19 de abril de 2012

El agua

Sumergirme es a menudo peligroso,
perder de vista la superfície,
casi tocar con la punta de los pies las rocas del fondo del lago,
casi perderme entre sus aguas más oscuras, más profundas.
Respirar allí no es fácil, no es fácil aguantar la presión,
puede que, incluso, alguna vez sientas que te debilitas notablemente,
que te cansas y casi se te cierran los ojos,
que todo es tan distinto visto desde bajo el agua...
Y entonces cuesta decidir moverse, regresar a la superfície,
a los ya tan conocidos colores, a la textura del aire,
y muchas veces, aunque pueda sonar estúpido, preferirías quedarte bajo el agua,
envuelta en tonos azules, esos que lucen tanto en tu piel,
el nos pliegues de tu cuerpo, en tu rostro...
Tu cabello está tan suelto a tu alrededor que te parece que la gravedad no existe,
que el tiempo se detiene, que ahí fuera no hay nada, que solo tu y el agua sois más que nada.
Que ella te muestra el camino, que la luz a través de la superficie te ilumina el objeto de tu inquietud.
Pues yo te digo que yo también me quedé debajo del agua, que yo también deseé poder detener el tiempo,
pero que a veces hay que volver a respirar aire, llenar los pulmones, y revalorar lo que se tiene en la superfície...¿no? ¿O no? Puede que no.

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