Meciendome en la noche me siento a salvo.
Soñar siempre es un refugio.
Aún más cuando quieres escapar sea de lo que sea.
Aunque no siempre es así.
No hace mucho me atormenta incluso los sueños,
mis sueños.
Creí que eso aun podía ser mío, para hacerme libre.
Pero no. Se ha echo también con mi subconsciente.
No tuvo suficiente con mi vida.
Me robó también los sueños.
Quisiera mecerme en la dulce ignorancia de nuevo,
en el retorno a la inmadurez.
Pero la noche no me mece ya;
me golpea.
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